Desmontando a Nadal

Publicado en feb 13 2015 - 9:47pm por admin

Hace unas semanas, adelantó la intención del secretario de Estado (hermano de Álvaro Nadal, jefe de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno) de solicitar un puesto en alguno de los organismo económicos internacionales en los que España tiene presencia (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etc…). Una plaza disputada y deseada para el Cuerpo de Técnicos Comerciales del Estado.

Pues bien, el digital acaba de publicar el cese de Ignacio Grangel, actual jefe de Gabinete de Nadal (y anterior jefe de Gabinete del inefable Marti Scharfhausen, que quizá haya sido el titular de la etapa más inane de la energía de ningún gobierno en España) y de enmarcarlo en la deconstrucción y narración de su salida.

En todo caso, decir que el actual secretario de Estado abandonará a final de año su puesto, no es decir mucho, toda vez que coincide con el momento en que expira la legislatura, aunque sí es una manera de decorar esta información. En la misma se afirma que se habría solicitado al actual presidente de Red Eléctrica de España, José Folgado, el acogimiento de este Abogado del Estado en el seno del operador de transporte y sistema eléctrico español.

Si analizamos los hechos colaterales, podemos ver cómo el panorama energético, con todo, no coincide con el triunfalismo del Ejecutivo y del propio Nadal en sus entrevistas televisivas. Las medidas operadas para “resolver” el déficit tarifario han perseguido su ajuste contable, más que una resolución eficaz en el marco de una política energética y de una liberalización efectiva.

Las costuras de la misma van dando señales de alarma para saltar pues, en vez de liberalizar el sector en las actividades que faltaba por abordar, disociar los costes incluidos en la tarifa que no tienen que ver con el suministro, efectuar una moratoria en toda regla de las tecnologías más onerosas, se ha producido un manoseo de la forma de facturación y recortes indiscriminados en actividades esenciales como la distribución, con fórmulas que al final no inciden en precios más bajos para los consumidores, fruto de la acumulación de costes regulados. Además, la suma de conflictos jurídicos e internacionales de la reforma no deja de crecer y se dilucidarán en el futuro. Tanto es así, que el rumor es cada vez más insistente de que los resultados de esa denominada reforma han sido muy “exiguos”.

Por su parte, la espuria política de promoción de la exploración de petróleo que no ha dado resultados (espoleada desde el Gobierno en modo “fiebre del oro”), los sucesivos episodios con las subastas CESUR, interrumpibilidad, carbón, las interacciones con la CNMC, la persistencia del problema de los precios de la energía, permanentemente en el candelero por el ineficiente abordaje del mismo, la aparición de déficits latentes en butano y gas (con un desenlace previsible por comportamiento de los usuarios, pero no por ello menos sorprendente), no pueden compensar las mejores noticias de la legislatura en materia energética (la inminente puesta en operación de la interconexión eléctrica con Francia y la entrada en funcionamiento del “hub” del gas), por otra parte, cuestiones trabajadas largamente durante años con muchos renuncios y sinsabores por Gobiernos pasados, a la vez de con fuerte apoyo europeo tras las crisis con Rusia. Recuerden aquí el nombre de Mario Monti.

Todo ello nos recuerda a la película “Desmontando a Harry” (o “Deconstructing Harry”, en su título original) de Woody Allen en la que se retrata la vida de Harry Block, un escritor de cierto éxito y un alto concepto de sí mismo, que ha utilizado sus experiencias vitales, sentimentales y familiares para escribirlas en sus libros con evidente molestia de los afectados. Fruto de estos comportamientos en el pasado, en el momento en que se desarrolla la acción de la película, le cuesta mucho que alguien de sus allegados le acompañe a la hora de recibir un homenaje en su Universidad y todo empieza a fallarle, por lo que emprende ese viaje de forma rocambolesca. La película, que mezcla trazos de ficción y de realidad en sus microhistorias, parte del deconstructivismo del francés Jacques Derrida, consistente en la descomposición, desde el punto de vista psicológico, en piezas menores para una mayor comprensión de las partes que integran el conjunto.

Deconstruída la realidad energética, presente y futura y puesta la lupa en cada aspecto, toda esa situación larvada y acumulada, el futuro exsecretario de Estado, la quiere observar desde otra plaza.

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