Las emisiones alcanzaron en 2018 la media más alta desde 2014 por la caída en las compras de vehículos diesel

Publicado en abr 3 2019 - 10:22am por Energía Diario

Europa Press.- Las emisiones medias de dióxido de carbono (CO2) aumentaron en 2,4 gramos, hasta alcanzar 120,5 gramos por kilómetro y vehículo en 2018, el nivel más alto de los últimos 4 años, según un estudio realizado por Jato Dynamics, que analizó las emisiones de 23 países europeos. Según este estudio, hay una relación “directa” entre la caída de las matriculaciones de vehículos diésel, un 18% durante 2018, y el aumento de las emisiones medias de dióxido de carbono (CO2) en Europa.

“El aumento de las emisiones de CO2 es algo preocupante para los gobiernos y la mayoría de los fabricantes de vehículos. En lugar de avanzar, la industria está retrocediendo en un momento en el que los objetivos de emisiones se están volviendo más duros”, señaló el responsable de comunicación de Jato Dynamics, Felipe Muñoz. El valor total de las emisiones de dióxido de carbono se han reducido paulatinamente desde 2017. Sin embargo, esta tendencia comenzó a desacelerarse en 2016, cuando se pasó de una reducción de las emisiones de 4,1 gramos en 2015 a 1,4 gramos en 2016, al mismo tiempo que comenzaron a disminuir las ventas de los vehículos diésel, del 7% al 1%.

Esta tendencia se confirmó en 2017, cuando se produjo el primer aumento en la media de emisiones de CO2, del 0,3%, y una caída del 8% en la demanda de vehículos diésel. “El efecto positivo de los vehículos diésel en las emisiones se ha desvanecido a medida que su demanda cayó de manera drástica durante 2018. Si esta tendencia continúa y la adopción de tecnologías alternativas no se acelera, la industria tendrá que tomar medidas drásticas para afrontar los objetivos a largo plazo”, sentenció Muñoz.

Sin embargo, el estudio también revela que el diésel no ha sido la única causa del aumento de las emisiones de CO2. La llegada de los nuevos todocaminos, que en 2018 suponían el 35% del total de parque de vehículos y cuyas emisiones empeoraron en 1,4 gramos por kilómetro, contribuyó al aumento general de las emisiones de CO2 en Europa.

La ONU y la contaminación

La polución aérea acaba cada año con la vida de 7 millones de personas en todo el mundo, incluidos unos 600.000 niños, según alerta el relator especial sobre Derechos Humanos y Medio Ambiente de Naciones Unidas, David Boyd, que ha definido el fenómeno como una “pandemia”. Boyd asegura que hay más de 6.000 millones de personas, de los cuales un tercio son niños, que están respirando con frecuencia aire tan contaminado que su vida está en riesgo. El relator especial de Naciones Unidas ha advertido de que la polución aérea es un fenómeno “asesino” que actúa “de forma callada” y, “a veces”, “de modo invisible”.

“Esta pandemia todavía recibe una atención inadecuada porque estas muertes no son tan dramáticas como las causadas por otros desastres o epidemias”, ha afirmado Boyd, en su intervención ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en Ginebra. “Cada hora, 800 personas están muriendo, muchas tras varios años de sufrimiento, por cáncer, enfermedades respiratorias o del corazón directamente causadas por respirar aire contaminado”, ha afirmado el experto de Naciones Unidas. Boyd ha hecho hincapié en que el fracaso a la hora de garantizar un aire limpio supone una violación del derecho fundamental de los ciudadanos a un entorno saludable, un derecho reconocido por 155 países y que debería ser respetado en todo el mundo.

“Las personas no pueden evitar inhalar sustancias contaminantes que están presentes en sus hogares o en sus comunidades”, ha afirmado el relator especial. “Los contaminantes aéreos están por todas partes, principalmente causados por la quema de combustibles fósiles para electricidad, transporte y calefacción, así como por actividades industriales y mala gestión de residuos”, explicó Boyd. Las mujeres y los niños, que en muchos países menos adinerados pasan la mayor parte del tiempo en casa, se ven desproporcionadamente afectados por la polución aérea en viviendas causada por las cocinas, la calefacción o los sistemas de alumbrado.

Boyd ha identificado los pasos clave que tienen que dar todos los países para acabar con la contaminación aérea: la supervisión de la calidad del aire, la evaluación de las fuentes que contaminan el aire, el impulso a una legislación para proteger la calidad del aire y el desarrollo y la puesta en marcha de planes de acción a nivel local, regional y nacional para la calidad del aire con unos estándares predefinidos. “Hay muchos ejemplos de buenas prácticas, como los programas en India y en Indonesia que han ayudado a miles de millones de familias pobres a cambiarse a sistemas de cocina más limpios, y los países que han tenido éxito al eliminar las plantas eléctricas de carbón”, concluyó.

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