Shellenberger (Environmental Progress) asegura que “el Gobierno debe prolongar la vida de las nucleares” para luchar contra el cambio climático

Publicado en mar 15 2019 - 8:17pm por Energía Diario

Europa Press.- Michael Shellenberger, fundador y presidente de Environmental Progress, ha pedido al Gobierno español que prolongue la vida de las centrales nucleares instaladas en el país en lugar de cerrarlas como medida para combatir el cambio climático. El ecologista Shellenberger dio la conferencia ¿Por qué necesitamos energía nuclear para salvar el planeta?, organizada por Foro Nuclear.

“Si el Gobierno español quiere hacer algo sobre el cambio climático, debe prolongar la operación de las centrales nucleares; entiendo que es difícil hablar de construir nuevas centrales, pero deben prolongar la vida de las que ya existen, y apostar más por las renovables, pero no cerrar las nucleares”, asegura este activista estadounidense. En concreto, asegura que por cada central nuclear que se cierra, la energía que deja de producir es remplazada por combustibles fósiles. De hecho, en el caso de España, el cierre de sus plantas nucleares supondría un aumento de las emisiones que equivaldría a agregar 14 millones de vehículos a la carretera.

Shellenberger ha comparado las consecuencias de ambos tipo de producción energética. Según ha apuntado, la energía nuclear es actualmente “la forma más segura de hacer electricidad fiable” ya que los muertos por accidentes relacionados con este tipo de energía “son muy pocos” en comparación con el número de fallecidos por culpa de la contaminación que generan los combustibles fósiles. Unas 7 millones de personas mueren anualmente en todo el mundo por la contaminación atmosférica, según la OMS. Sobre esta cuestión, destacó que el accidente de Chernóbil, “fueron el pánico y el miedo, no la radiactividad, lo que causó más daño”.

Pero no solo es partidario de la energía nuclear frente a la quema de combustibles fósiles. También la defiende frente a las energías renovables. Según ha expuesto, la energía solar emite 40 veces más radioactividad por unidad de energía que la nuclear, debido a la minería de tierras raras que necesitan las renovables. Por ejemplo, los materiales requeridos para construir paneles solares son “enormes”, desde cemento a vidrio y acero, mientras que los aerogeneradores utilizados para la eólica “matan más personas por unidad de energía” que la nuclear, así como especies amenazadas. Además, los paneles solares producen, según señala, de 200 a 300 veces más desechos tóxicos por unidad de energía que las centrales nucleares.

“Para crear mucha energía solar y eólica, necesito cubrir mucho de la naturaleza con colectores de combustible (viento, luz solar), que están muy diluidos”, añade Shellenberger, que apunta que, por ejemplo, se necesita 413 veces más tierra para la energía eólica que para la nuclear. Uno de los puntos más controvertidos de la energía nuclear es los desechos que generan las centrales. Pero para Shellenberger, el tema de los residuos “está ya controlado”: “Todos los residuos jamás producidos en la Unión Europea caben en un campo de fútbol de 15 metros”. “Me preocupo como ambientalista de las enormes islas de plástico en los océanos y de la contaminación del aire, son otras formas de residuos, pero en el ambiente”, expresa.

Pese a todo ello, Shellenberger, firme en defender la energía nuclear por su bajo impacto en el medio ambiente y por su bajo coste, considera que existe un “problema” que hace que ni la sociedad ni los gobiernos vean los beneficios que tiene este energía. “El problema con la nuclear es muy simple, es el pensamiento de la gente”, señaló.

En concreto, menciona tres razones por las que hay un temor generalizado hacia la energía nuclear. En primer lugar, señala que hay un “desplazamiento del odio y miedo”, esto es, se asocia las armas (especialmente la bomba atómica) y los gobiernos autoritarios a este tipo de energía, cuando en realidad, también defiende que las muertes violentas han disminuido desde que se desarrollaron estas armas. En segundo lugar, considera que hay un “miedo” a que la energía sea “barata”, tanto que entonces habría un exceso de producción energética, lo que provocaría una “explosión” de la población. “Demasiado energía, demasiadas personas”, resume.

Por último, critica el “amor a las renovables”, resultado de defender la “armonización con la naturaleza”, cuando él prefiere sumar un elemento más para “salvaguardar la naturaleza”: “depender menos de ella”. En este sentido, ha criticado a las grandes organizaciones ecologistas que se declaran antinucleares, pues piensa que sus objetivos no están marcados “para evitar el cambio climático, sino para establecer un tipo de sociedad”, cuando él defiende que no hace falta una “revolución social“.

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