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Ofensiva a todo gas

El problema de la generación eléctrica está entrando en su fase álgida, siendo el sector gasista el más afectado. Unos precios muy bajos, un volumen de contratos excesivo y una caída de la demanda son las causas. A esto se unen las voces que reiteran que las renovables son muy costosas y que no hay "parné" para todas las tecnologías. El enfrentamiento está servido.

ENERGÍA DIARIO    MADRID  03 · 12 · 2009

Las declaraciones del primer ejecutivo de Gas Natural respecto de las energías renovables no dejan lugar a dudas de que el problema de la generación eléctrica está entrado en una fase muy, muy álgida. Y, quizá, haya que reconocer que uno de los más afectados sea el sector gasista. Al mismo tiempo se puede comprobar que han proliferado informes y artículos que alertan de cómo afecta el coste de las renovables a la tarifa eléctrica en el medio plazo y al suministro. El objetivo es situar como "frame" el que la energía producida por fuentes renovables es cara y costosa, argumento que en tiempos de crisis, tiene su pegada y su predicamento. Este argumento viene a decir que los incentivos a las renovables distorsionan el funcionamiento del mercado eléctrico. Son cosas que no pasan desapercibidas y, probablemente, formarán parte de los argumentos que siempre tienen un componente maniqueo.

Todo ello ocurre en un momento en que la regulación y su administración se han vuelto indómitas. Es el caso, por ejemplo, del "Real Decreto Ley de la Energía Insostenible", con el que a través de las restricciones técnicas se aumenta fuertemente la generación de electricidad mediante la quema del carbón nacional, cuestión que ha estrechado el hueco de las tecnologías térmicas mediante el uso del gas natural (ciclos combinados). Este hecho unido a la fuerte caída de la demanda, alarmante, prolongada, duradera y con riesgo de que se agudice, ha destapado el tarro de las esencias de unas tecnologías frente a otras. La realidad ha venido a decir: no hay para todos.

En un modelo, como el de partida (crecimiento galopante), acompañado de un ejercicio de poca prudencia con las expectativas empresariales que permitía esos excesos, no era necesario ser finos en la regulación y tampoco ser precisos en las inversiones y en sus riesgos. Y además, sabiendo que el uso del BOE, con la manija de la tarifa eléctrica, el control sobre los impactos de las malas decisiones y la forma de esconder las consecuencias debajo de las alfombras, es pleno, se formaba una tormenta perfecta en los despachos y no en los mercados.

Pero no sería justo alimentar esa cruzada antirrenovable (diferente a la confrontación a la que aludíamos en días pasados de quienes piensan que las renovables no forman parte del sistema eléctrico y son otra cosa) sin hacer mención a dos cuestiones que, en el caso del gas, deben ser tenidas en cuenta. Estamos en un momento en el que los precios del gas a nivel internacional se han desabrochado, literalmente, de los precios del petróleo y de su senda de recuperación. Hoy es una energía más barata que otros combustibles fósiles gracias a esta dinámica internacional. Además, el volumen de los contratos de aprovisionamiento de gas en España es enorme y empieza a evidenciar problemas de exceso de oferta para su consumo. Si a eso unimos la entrada en funcionamiento del Medgaz y que Sonatrach entre a operar en España con mayores volúmenes de suministro, el escenario se complica enormemente. Por si fuera poco, la forma de efectuar estos contratos "take or pay" viene a poner en aprietos a los adquirentes de este gas.

Por otra parte, en el ámbito de la generación eléctrica mediante gas habría que estudiar el estrecho hueco térmico. En este tema, se unen inexplicables e intervencionistas decisiones regulatorias y políticas, como la posición española en lo que se refiere a la energía nuclear o el proyecto para aumentar la quema de carbón nacional, con el exceso de oferta en capacidad de generación eléctrica mediante ciclos combinados, cuyas inversiones se realizaron en su momento con criterios muy optimistas, con una expectativa de demanda creciente que se ha truncado.

Partían de supuestos en que las instalaciones iban a operar entre 5.000 y 6.000 horas, cuando hoy no llegan a las 2.500. Y, a todo esto, hay que añadir que todavía se están construyendo nuevas plantas de generación por esta tecnología en un volumen superior a los 2 GW. Es decir, va a sobrar más capacidad instalada y más gas. Y hay que ver por dónde se desborda esta pinza: los agentes, a la vista de los tapones políticos, acaban por la confrontación con las renovables, donde además el Ejecutivo ha practicado una regulación cuyos acabados finales van a resultar muy gravosos, lo que proporciona munición, dinámicas peligrosas, sensación de onerosidad, generación de burbujas en poco tiempo, de crecimientos espasmódicos como la hidra de las energías termosolares y su inclusión en la tarifa, al socaire de intereses concretos de determinadas comunidades autónomas.

Frente a ello, seguimos con un hueco más amplío que el térmico, un espacio no cubierto por un vacío existencial y regulatorio. Ausencia de una actuación regulatoria con densidad y entidad, que presente un modelo coherente en lo económico, en lo medioambiental y en sus consecuencias tarifarias, comprendiendo el mercado eléctrico, el modelo de inversión, la sostenbilidad, seguridad de suministro y política medioambiental, versus atención de intereses parciales, puntuales y claudicación ante cada cuestión concreta. Regulación buena en general, pero mal acabada. Decisiones por espasmos, subterfugios y presiones. Actuación sincopada de reguladores, mirando cada uno a sitios diferentes y ninguno al que debe, CNE en su deriva… Todo ello permite que en la arena pública se produzcan estos debates y forofismos.

Por otra parte, el hecho de seguir apostando por tecnologías de generación limpias parte de unos objetivos globales y europeos de consecución de una generación energética más limpia que, hoy por hoy, son indiscutibles. Lo que hay que hacer es hacer las cosas bien, sin desatar procesos especulativos alimentados desde la acción administrativa. Siempre desde un marco de eficiencia económica, medioambiental y en el cuadro de un mercado eléctrico que busque eficiencia económica, medioambiental y que gestione en el medio plazo la tarifa eléctrica, con señales de precios claras en las distintas actividades.

El resultado de todo esto es reconocer que es necesario una postura razonada y razonable en el ámbito renovable, conjunta con lo que es la evolución del mercado eléctrico y las posiciones en materia de política energética, medioambiental y tarifa. Si falta una pieza todo se cae. Con apuesta, pero sin burbujas y dentro del sistema eléctrico. Además, no hay que olvidar que las intervenciones para aumentar la quema de carbón nacional son caras, ineficientes, distorsionadoras e insolidarias. Que la energía nuclear debe ser replanteada en este contexto. Y que los agentes deben realizar sus inversiones y acometer sus riesgos con mayor prudencia. Y, que todo eso, no se soluciona mediante la administración de intereses y presiones en el BOE, sino mediante una política conjunta. Seamos ponderados, dado que alguien se debería ocupar de eso. El rosario de la Aurora puede estar servido.

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