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JORDI DOLADER I CLARA (1ª parte). Presidente de Mercados EMI

“Nadie puede arrogarse la soberbia de saber más que el mercado”

En esta primera parte de la entrevista, Jordi Dolader repasa la situación de la política energética española y las cuestiones de mayor actualidad, la liberalización del mercado eléctrico, el papel de los órganos reguladores, las tarifas eléctricas y el déficit tarifario, así como las críticas que se vierten sobre el mercado eléctrico. Un mercado eléctrico español que considera bien diseñado pero que no se ha completado su desarrollo de forma completa y coherente para que funcione bien, libre y con juego limpio.

ENERGIA DIARIO    MADRID  08 · 04 · 2008

PREGUNTA. Vd. afirma que la política energética española no es coherente. ¿Existe política energética española?

RESPUESTA. No sólo es incoherente la española sino también la europea, si es que existe. Toda política energética consiste en la elección de un punto arbitrario dentro de un hipotético triángulo cuyos vértices son la competitividad, la seguridad y la sostenibilidad. En España se anuncian medidas concretas de política energética pero nunca se hace explícito el conjunto, por lo que, a tenor de las declaraciones, se vislumbran más incoherencias que equilibrios. Por ejemplo: 1) se postula el fin de la producción electro-nuclear y se apuesta por el viento. Ni una palabra sobre las repercusiones de esta política en la competitividad de las empresas por el coste de la electricidad; 2) se critica el crecimiento de la intensidad energética y, sin embargo, el déficit tarifario sigue un ascenso imparable superando los 12.000 millones de euros; 3) en Europa se protege la inversión directa de operadores en mercados como el español cuando en los países de origen de los inversores, es imposible una inversión equivalente; ¡y un largo etcétera!

PREGUNTA. ¿Cómo valora el grado de liberalización del sector energético español? Hay quienes señalan que se está produciendo una involución en el mismo a raíz de prácticas regulatorias recientes ¿está Vd. de acuerdo con esta afirmación? ¿cómo valora este fenómeno?

RESPUESTA. Es dispar. En el caso del subsector gas, la liberalización puede considerarse total. Tampoco podemos decir que no sea este el caso del subsector petróleo, con sus diferentes productos, gasolinas, gasóleos, querosenos, etc. Otra cosa es que no nos guste el continuo ascenso de los precios, pero esta es otra historia ya que no depende de lo que podamos hacer aquí, sino de la estructura oligopólica del mercado productor de hidrocarburos. En cambio, el subsector eléctrico está pobremente liberalizado en España, por varias razones: 1) estructurales: los dos primeros operadores representan el 80% del sector, un porcentaje que aunque ha disminuido con la aparición de nuevos entrantes, no ha evitado que el mix en el mercado (descontando las renovables) sea el mismo y estos nuevos ‘players’ (que son precio aceptantes), no son relevantes en la fijación de precios, salvo en el caso de los desvíos; 2) tarifarios: la subsistencia de las tarifas reguladas imposibilita el correcto desarrollo de ningún mercado minorista; 3) regulatorios: por un lado se diseñan mercados de subastas (VPP, CESUR) y luego no se utilizan en la configuración tarifaria.

Por eso, hay que buscar una solución coherente en esta ordenación teniendo en cuenta los objetivos que configuran el triángulo de la política energética: sostenibilidad económica y ambiental, eficiencia asignativa y seguridad de suministro, teniendo en cuenta que cada uno de estos vértices del triángulo tiene efectos sobre el modelo conjunto y lo importante es lograr un diseño coherente y en equilibrio. Por ejemplo, cuando se habla de aumentar renovables hay que pensar en su impacto económico (la necesidades de mayores tarifas y de no generar déficit a futuro) o cuando se habla de desarrollo de la energía eólica hay que plantearse la capacidad de asegurar el suministro vía almacenamiento para que su producción no dependa de variables exógenas como las condiciones meteorológicas.

En todo caso, mi posición es siempre favorable a que se tomen decisiones que tiendan a orientarse más hacia el desarrollo pleno del mercado y así dejar que este opere con libertad. En esa definición, desde el punto de vista tarifario, la propuesta principal sería el desarrollo de las VPP sin la existencia del “cap” de la tarifa regulada. Igualmente, el desarrollo de un mercado a plazo es una medida razonable, siempre que, también en este caso, se deje operar con libertad. En conclusión, lo que podemos decir es que el diseño del mercado energético español en líneas generales es correcto, pero el desarrollo del mercado eléctrico ha sido incompleto y, en ocasiones, incoherente. Parece como si hubiese miedo a una liberalización completa del mismo y, por ello, se hubiera querido mantener “amarrado”, sin que pueda operar con plena madurez.

PREGUNTA. ¿Cómo valora el papel de los órganos reguladores, en concreto del sector energético, y su funcionamiento? ¿Considera urgente abordar la necesidad de una mayor independencia? Desde su experiencia ¿Cuáles serían sus propuestas?

RESPUESTA. No creo en la independencia de los órganos reguladores, ya que en definitiva siempre los acabará nombrado un gobierno concreto. Especular sobre si deben depender del Gobierno o del Parlamento, es asimismo un ejercicio inútil. Todo nombramiento mantiene una lealtad hacia su proponente. Lo casos contrarios son anomalías. Creo más bien en la profesionalidad y el carácter técnico de los órganos reguladores, es decir, que en el nombramiento prime, por encima de la adscripción política de sus miembros, su currículum. En este caso, el único límite intelectual del regulador pasaría a ser el propio código deontológico de su profesión

PREGUNTA. Existen sectores críticos con el funcionamiento del mercado mayorista de la electricidad ¿Comparte las críticas al funcionamiento del mercado eléctrico que se hacen desde ciertas instancias? ¿no considera que estas críticas inciden en aspectos que legitiman la intervención en el mismo y que incluso provocan distorsiones sucesivas en su funcionamiento, que justifican nuevas intervenciones regulatorias?

RESPUESTA. Las mayores críticas provienen de los nostálgicos del anterior modelo, en el que los precios no se formaban siguiendo criterios marginalistas, sino como valor medio de todas las tecnologías. Se llega a sostener que las empresas reciben beneficios extraordinarios por la explotación de tecnologías ya amortizadas y que con sólo leer la prensa económica, se puede verificar los extraordinarios e injustificados “pay-out” en detrimento de los consumidores. Creo que estos razonamientos no son correctos. Si la renta sectorial se considera excesiva o extraordinaria, al Estado siempre le cabe la posibilidad de redistribuir, vía impositiva, tales beneficios, por lo que este tipo de medidas tienen que ser muy pensadas dada la importancia de la inversión en este sector. Atención entonces a la necesaria reinversión en capacidad de generación. Del mismo modo, se puede hablar de las fórmulas para primar el desarrollo de las energías renovables, hasta qué plazo, cuál es su curva de aprendizaje, cuándo está un sector maduro, etc… Hablemos de eso, pero no vayamos contra el mercado. Creo más adecuado seguir avanzando en el “ownership unbundling” de la generación y la distribución, que en poner límites a la rentabilidad de las empresas verticalmente integradas. No olvidemos, por otro lado, la escasa rentabilidad de las empresas de distribución, embebidas en las corporaciones existentes.

En todo caso, lo que no es admisible de ninguna forma, es pensar en despreciar los beneficios del vigente modelo marginalista. Nadie puede arrogarse la soberbia de saber más que el mercado. El mercado es soberano y marcará precios, en cada momento, según las situaciones de escasez o abundancia.

Del mismo modo, hay que plantearse también la idoneidad de otras propuestas como son las limitaciones a la participación o al tamaño de los operadores en el mercado. Esto puede ser también contraproducente. Por ejemplo, cuando se fijan porcentajes de participación empresarial máximos, también se envían mensajes que desincentivan la inversión en el sector. Por eso, definir una fórmula, un escenario de varios jugadores (tres o cuatro), utilizando subastas de energía primaria (VPP), tarifas liberalizadas, juego limpio y dejar que flote el mercado sin más restricciones, sería la solución quizá más razonable.

PREGUNTA. ¿Considera que los agentes están haciendo un mal uso del mercado? ¿Qué papel tienen las subastas de energía primaria en esta situación, orientadas a reducir el papel de las dos grandes eléctricas en el mercado? ¿Cómo valora el comportamiento de las empresas y los mecanismos de supervisión existentes?

El diseño del mercado eléctrico español es correcto. Otra cosa son los comportamientos de los agentes. Tampoco creo que sean de continuo abuso de posición dominante y prueba de ello es que, pese a la apertura de diversos expedientes por parte de la CNE, las sanciones no han sido significativas. Creo que los agentes simplemente buscan su lícito beneficio. El diseño actual de subastas VPP va en la línea de crear más competencia por la vía de los generadores virtuales. Descreo que sea una solución estructural. En el sector gasista fue el tránsito hacia la toma de posición de los abastecedores, en el mercado “upstream”. En el mercado eléctrico sólo sobrevivirán aquellas corporaciones que integren generación y “retailing”. Frente a ellas, cabe esperar que se configuren potentes centrales de compra como las que los grandes consumidores están haciendo con FORTIA.

PREGUNTA. La tarifa actual ofrece precios bajos, pero irreales, a los consumidores, e impide una competencia efectiva ¿Cómo valora la existencia de unos déficit tarifarios tan abultados en la tarifa eléctrica?

El problema no es para la eléctrica, que tiene asegurado el cobro a través del reconocimiento explícito. El verdadero problema es para el consumidor, ya que: 1) no identifica por la vía de los precios la realidad del encarecimiento de la energía (sólo lo percibe en las gasolineras y en las facturas del gas natural); 2) es muy insolidario intergeneracionalmente, ya que transferimos el coste del consumo actual a nuestros hijos y a nuestros nietos, sin nada que lo justifique (como por ejemplo, en el caso de las pensiones, en donde está generalmente aceptado que los compromisos pasen de una generación a las siguientes).

(Mañana, segunda parte de la entrevista)

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