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Ladislao Martínez. Portavoz de Energía de Ecologistas en Acción

"Las peculiaridades del sistema eléctrico hacen difícil que el mercado pueda administrar eficazmente los recursos"

Ladislao Martínez, portavoz de Energía de la organización Ecologistas en Acción, considera que el libre mercado no es capaz de asignar eficientemente los recursos del sistema eléctrico y por ello defienden un importante grado de intervención administrativa. Martínez opina que la supuesta competencia no ha redundado ni en una mejora de los servicios ni de los precios, puesto que éstos están sujetos a la fluctuación de los precios de las materias primas.

ENERGÍA DIARIO    MADRID  25 · 02 · 2008

PREGUNTA.- ¿Cuál es su opinión sobre la situación de la competencia en el sector eléctrico?

RESPUESTA.- Desde nuestro punto de vista, la competencia no asegura grandes ventajas ni en el sector energético ni en el eléctrico en particular, puesto que existen elementos de monopolio natural, como las redes de transporte (que no pueden duplicarse). Aparte de eso, existen condicionantes ambientales, sociales y estratégicos. No parece que la competencia esté funcionando tan bien cuando encontramos que lo privado es más eficiente que lo público, y vemos cómo las grandes empresas públicas del sector eléctrico entran, o amenazan con hacerlo, en nuestro país.

Los condicionantes ambientales reducen la gama de disponibilidad de fuentes energéticas. Disponer de los recursos energéticos es determinante a la hora de fijar los precios. Y no hay ninguna garantía de que empresas más pequeñas, con menos recursos estratégicos, tengan más disponibilidad a la hora de acceder a estos recursos que empresas más grandes…

No entendemos que en un entorno de competencia eficiente se produzcan, de forma simultánea, beneficios récord para las compañías y un déficit tarifario altísimo. Ello hace dudar de que la competencia sea el mecanismo más razonable de suministro energético. Cuando en España existía el sector público, Endesa no era más ineficiente que Iberdrola.

Tampoco está claro que la electricidad producida por empresas con participación pública sea más caro que en empresas privadas. Creemos que lo más razonable es que siga existiendo planificación, y que los factores ambientales, sociales, tecnológicos y de seguridad de suministro hacen que sean más convenientes los grandes elementos con rasgos monopolísticos, siempre que puedan combinar reducción de impacto ambiental, precios razonables de la electricidad, apoyo a ciertos sectores industriales más o menos intensivos en este tipo de consumo.

El sector se empezó a liberar en el año 1997, han entrado nuevos agentes y sin embargo no se ha producido una reducción significativa en los costes, que han tenido que ver más con la fluctuación del precio de las materias primas energéticas en los mercados internacionales, que con la posible competencia o falta de ella en el sector.

PREGUNTA.- Se han creado las subastas de energía primaria para eliminar los supuestos abusos de poder de mercado de las grandes compañías. ¿Qué opinión le merecen?

RESPUESTA.- Las subastas de energía introducen elementos de mayor competencia dentro del sector eléctrico, pero el que existan muchos oferentes no significa necesariamente que los precios vayan a reducirse. Tiene más incidencia tener un buen contrato de suministro de una materia prima energética, una buena posición estratégica en los mercados, cierta capacidad de decisión… A pesar de que existe una competencia que en este caso es bastante limitada, no se obtienen todas las ventajas que cabría esperar de ella.

Tampoco creemos que la energía tenga que ser mucho más barata de lo que es en la actualidad y tendría que incorporar las externalidades, difíciles de cuantificar y siempre con cierto grado de arbitrariedad, lo que también distorsiona un mecanismo de competencia puro. Los mercados tienen unos grados de intervención administrativa inevitables; por ejemplo, si se asignan más o menos derechos de emisión, se pueden modificar los precios relativos de materias primas energéticas.

Con un carbón más barato que el gas, en 2007 11.300 MW de potencia instalada en centrales de carbón generaron más electricidad que casi 21.000 en centrales de gas en ciclo combinado. Pero si la UE se toma en serio el protocolo de Kyoto y asigna pocos derechos de emisión, y en las subastas de esos derechos, los precios de la tonelada de CO2 aumentan, se modificarían estos precios relativos, encareciendo el carbón.

Todos los años se publican varios reales decretos de cierta entidad y decenas de órdenes ministeriales. Creemos que si es necesario que el Estado intervenga tanto, debería de hacerlo un poco más, y determinar la presencia de sectores públicos en la generación de energía, o que determine los precios administrativamente, pudiendo orientarlos a potenciar un determinado sector industrial que puede tener interés estratégico para un país.

Creemos en una mayor intervención administrativa que participe en la fijación de precios, que determine las materias energéticas adecuadas para cumplir objetivos ambientales, que fije políticas industriales, y que tenga en cuenta que se trata de sectores que tiran de otros en lo referente a desarrollos tecnológicos; es una opción más política que puramente econométrica. Están más dotados para ello, en nuestra opinión, los Estados que las compañías.

PREGUNTA.- Hemos hablado de los costes de la energía y de la necesidad de internacionalizar todos sus costes. ¿Cuál es la postura de Ecologistas en Acción respecto al mantenimiento de la tarifa eléctrica en sus niveles actuales?

RESPUESTA.- Sí somos partidarios de la fijación administrativa de ciertos precios energéticos, aunque creemos que los costes no pueden ser iguales para las familias y para otros sectores en los que el coste de la energía supone una parte importante del gasto. Creemos que si se quiere aplicar una política de ahorro, sería necesario fijar tarifas en las que los primeros kw/hora, los que sirven para satisfacer servicios esenciales, tengan un precio diferente a otros que no están directamente relacionados con necesidades básicas. Existen elementos suficientemente diferenciales como para que difícilmente el mercado sea capaz de intervenir administrando razonablemente todas estas cosas.

PREGUNTA.- ¿Cree que el método de asignación de derechos de emisión de CO2 ha sido el más adecuado? ¿Es adecuada la detracción de los costes de los derechos de emisión tal como se ha hecho, es decir, a todas las instalaciones por igual, sin tener en cuenta que unas sí han recibido esos derechos de emisión de forma gratuita y otras no?

RESPUESTA.- El problema radica en el funcionamiento del sistema. Como el precio lo fija el elemento marginal que entra para atender la demanda, si ese elemento marginal incorpora el coste del CO2, todas las demás unidades de generación se benefician. Se beneficia, porque está cobrando el mismo precio, una central hidroeléctrica amortizada hace mucho tiempo o una central nuclear que amortizó sus inversiones en 25 años, o una central de gas en ciclo combinado que tiene una materia prima barata. Todas ellas incorporan ese beneficio adicional, que nosotros somos partidarios de que se detraiga.

No nos parece lógico que en situaciones de tensión de precios, las compañías ofrezcan beneficios récord. La lógica económica dice que cuando existen tensiones, los oferentes reducen sus márgenes de beneficios para competir entre sí y para colocar más productos, pero eso no es lo que ha ocurrido.

Lo más razonable, en nuestra opinión, es el reconocimiento de costes para cada unidad de generación.

Entendemos también que, dado que la generación de electricidad es una actividad que entraña cierto riesgo, tiene que tener un margen de beneficio razonable. Pero más allá de ese margen de beneficio, como está ocurriendo ahora, todo son disfunciones. También se dan situaciones paradójicas como la existencia de sobreoferta en generación mientras que la distribución sigue siendo muy débil.

Un buen número de apagones se producen en momentos de sobredemanda, en zonas puntuales, a las que la estación de suministro correspondiente no es capaz de atender. Si no se ha invertido en distribución, es porque es una actividad regulada, con costes reconocidos, y porque las compañías prefieren obtener más beneficios invirtiendo en generación que en distribución, lo que nos perjudica a los usuarios.

En un momento determinado a un país le puede interesar producir mucho aluminio, y no es ninguna irracionalidad suministrar una tarifa bonificada.

Es precisamente esta evaluación la que hay que hacer, y en cada momento optar por lo que resulta más urgente para nosotros. En este momento, la urgencia con la que se presenta el cambio climático exige la adopción de medidas firmes de reconversión energética hacia fuentes energéticas no emisoras de dióxido de carbono, y que además sean capaces de garantizar la seguridad de suministro. En nuestro país, esas condiciones las cumplen las energías renovables.

Ya existen primas o ventajas para las energías renovables por encima de precio y eso nos parece razonable, así como la modificación de estas primas en función de la maduración de la tecnología, así como la exigencia a los fabricantes de equipos de que reduzcan los precios.

No debe aplicarse una prima indefinidamente a una fuente de energía. La eólica hace cinco años tenía unos riesgos tecnológicos que hoy no tiene, y eso debe traducirse en que el precio que se pague por la energía eólica no tiene por qué ser igual hoy que hace cinco años. Pero nosotros no vemos al mercado capacitado para entender toda esta multitud de variables y asignar a todas ellas los recursos de manera eficiente.

Ladislao Martínez, en la biblioteca de la sede de Ecologistas en Acción

En España casi no tenemos petróleo o gas natural. Carbón, poco y de pésima calidad. Uranio, ninguna mina en funcionamiento. Todo el uranio es importado, aunque tenga la consideración de energía autóctona.

PREGUNTA.- Pero el coste de la materia prima es pequeño en comparación con el coste de todo el esquema de generación de energía…

RESPUESTA.- El porcentaje varía mucho. Los precios de la tonelada de óxido de uranio han crecido más en términos porcentuales que el del carbón o el del gas. El uranio también tiene muchos elementos de monopolio. El enriquecimiento isotópico sólo se produce en cuatro sitios en el mundo, y cuando un país intenta elaborar su propio uranio, se le impide. Por tanto, si existen estas restricciones por la posibilidad de doble uso de la tecnología de enriquecimiento, todos los países del mundo van a tener que recurrir a estos cuatro únicos oferentes, lo que hace que suban los precios.

La ventaja de la energía nuclear, consistente en que hay combustible de sobra, está muy resaltada por las personas que son partidarias de su uso, pero no se tiene en cuenta que su éxito es la consecuencia de su fracaso. Es decir, si la demanda de uranio hubiera seguido las pautas establecidas, las mejores minas se habrían agotado hace tiempo; las instalaciones de enriquecimiento isotópico habrían tenido que funcionar cerca del límite de su capacidad, y los precios finales no habrían sido tan bajos. Es decir, el precio del uranio es bajo en la medida en que la demanda mundial es baja.

PREGUNTA.- Ha hablado de la seguridad de suministro que pueden dar las energías renovables. Pero sabemos que cuentan con ciertas limitaciones, por ejemplo la falta de materia prima –viento o sol- que inciden directamente en su gestionabilidad. En el caso de rechazar la energía nuclear, ¿cómo se pueden sustituir los megavatios proporcionados por esta tecnología de una forma segura? Si, por otra parte, incrementamos la seguridad mediante instalaciones de gas, lo que estamos haciendo es aumentar también nuestra dependencia exterior…

RESPUESTA.- La dependencia exterior no aumentaría porque en ambos casos dependemos al 100% del exterior. En el caso de las renovables, no podemos pensar en ellas teniendo en cuenta una sola fuente energética, sino varias. Tienen ciertos elementos estructurales de complementariedad. Por ejemplo, la energía eólica es energía preferentemente en invierno, que es donde los períodos de viento son mayores y es cuando suele obtenerse los máximos. La energía solar, y la fotovoltaica, tiene unos períodos de producción de máximos fundamentalmente en primavera y otoño (en verano decae la producción de las plantas principalmente por la subida de las temperaturas), pero la termoeléctrica tiene posibilidades de producción máxima en verano.

También hay que realizar previsiones de equipamiento. Como se habla de importantes incrementos en potencia eólica instalada, solar fotovoltaica y solar termoeléctrica, se han introducido elementos compensatorios como más centrales de bombeo, más turbinas de gas para puntas ocasionales, que permiten en un período de tiempo extremadamente corto alcanzar el máximo de producción. Es cierto que la gestión de un sistema basado en energías renovables tiene más elementos de complejidad que el basado en energías convencionales, pero la rigidez de otras fuentes de energía, como la nuclear, también es un elemento en contra. Y cierta diversidad en el funcionamiento debe tenerse en cuenta como un valor positivo del sistema energético.

El sistema eléctrico español siempre se ha realzado por su alta diversificación, aunque ésta ha sido fruto del azar. Su explotación tiene muchos elementos de complejidad, y con renovables, probablemente más. Pero existen mecanismos que permiten participaciones mucho más altas de las energías renovables de las que se están dando en los últimos tiempos.

PREGUNTA.- En referencia a los programas electorales. ¿Cuál les parece la mejor de las propuestas de entre las que se presentan?

RESPUESTA.- Tenemos una serie de premisas a la hora de valorar los programas electorales.

En primer lugar, conceder al cambio climático la importancia que merece. Los últimos informes del IPCC apuntan a la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera y a la velocidad imparable de crecimiento, así como a las inercias del propio sistema.

Buena parte de los componentes del IPCC hablan de que los próximos 10 años son decisivos. Si no se revierte la tendencia actual, difícilmente se mantendrá un clima parecido al que tenemos en la actualidad. Y eso para nosotros es un elemento cardinal. Otro elemento cardinal es el rechazo a la energía nuclear.

Nosotros definimos nuestra posición en función de cómo se traten estos temas. Kyoto, la energía nuclear, los contaminantes en grandes urbes, o qué se piensa hacer para contener el tráfico en las ciudades. De los grandes partidos, estamos más próximos a los de la izquierda que a los de la derecha, porque ni el cambio climático tiene la centralidad en éstos últimos que nos gustaría, ni existe el rechazo a la energía nuclear que consideramos importante.

Y dentro de la izquierda, estamos más cercanos al programa de Izquierda Unida que al programa del Partido Socialista, que le da más importancia al ahorro, que nosotros valoramos en gran medida.

PREGUNTA.- ¿Qué importancia dan al ahorro y la eficiencia energética? ¿Cuánto cree que se podría reducir en consumo de energía primaria por estos medios?

RESPUESTA.- Creemos que mediante el denominado “ahorro tecnológico”, es decir, satisfacer los mismos servicios energéticos utilizando la mejor tecnología disponible, se podría ahorrar en torno a un 40%. Para ello habría que sustituir lámparas incandescentes por fluorescentes, sistemas ineficientes de transformación energética en usos finales -lavavajillas, lavadoras, frigoríficos, aparatos eléctricos en general…-.

Por otro lado existe un gran potencial de ahorro en el factor de uso. La gente tiene que ser consciente de que, por poner un ejemplo, no es necesario estar en mangas de camisa en casa en invierno. Esto también tiene que ver con lo que la gente entienda por mínimo de bienestar asumible, y en qué medida estén dispuestas las personas a renunciar en comodidad para evitar alterar el medio ambiente.

PREGUNTA.- ¿Cómo ven una posible toma de control de Iberdrola por parte de EDF?

RESPUESTA.- No nos preocupa tanto en manos de quién esté Iberdrola, como su orientación. Si una Iberdrola en manos de EDF implica el relanzamiento de lo nuclear, estamos en contra. Si en manos de ACS significará una apuesta por el carbón, también estaremos en contra. Estamos a favor de que existan empresas que tengan compromisos firmes en el desarrollo de las energías renovables, y creemos que la evolución de Iberdrola es positiva en este sentido.

PREGUNTA.- ¿Cuál es su postura respecto al hidrógeno como nueva fuente de energía?

RESPUESTA.- Es un vector energético del que tendremos que ver su evolución, pero parece el más idóneo para sustituir al petróleo en el transporte, que hasta hoy es absolutamente insustituible. Con lo que conocemos hoy, creemos que es una apuesta razonable. Tendría que ser un hidrógeno generado a partir de fuentes de energía renovables. Según el modelo que nosotros imaginamos, la energía solar -tanto fotovoltaica como solar térmica- se emplearían en la producción de hidrógeno, y si somos capaces de almacenarlo convenientemente en pilas de combustible eficientes y fiables, resultará una alternativa muy razonable.

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